Aprovechando la oportunidad de prórroga para la entrega del trabajo que mi maestro de "Evolución de la Administración Pública en México" y el puente que conmemora la revolución de México a 101 años de su comienzo, me he decidido realizar un ensayo sobre el libro que ganó el VI Premio Comillas de biografía en septiembre de 1993 que concede Tusquets Editores que narra la Biografía política de México dentro del periodo de 1810 a 1910.
El capítulo primero del libro se titula la "Historia de Bronce" el cual se desarrolla en 3 subcapítulos: Las fiestas del Centenario, Héroes y antihéroes y Pasados en conflicto.
En las fiestas del Centenario se narra lo sucedido en Septiembre 1910 específicamente la noche del 15 de Septiembre, ya qué, es una noche antes del centenario del a guerra de independencia.
En la descripción de la fastuosa celebración, narra Krauze, asistieron embajadores de países con los que México tenía relación, se inauguran obras de todo tipo para constatar el progreso del país, además de esto era importante enmendar heridas con antiguos antagónicos de la nación, España devolvía las prendas militares de José María Morelos ejecutado por ellos en 1815, Francia, nación admirada por México, admitía su insensato comportamiento en el siglo XIX, además de devolver las llaves de la Ciudad de México que el mariscal Forey había hecho suyas en 1863.
Recordando que España tuvo colonias en México que se encontraba en el territorio de la Nueva España (más extenso que el territorio Mexicano actual), Francia por su parte entre 1862 y 1867 invadió México a órdenes de Napoleón III, inspirado por los sueños de reconquista de su mujer, Eugenia de Montijo lo cual terminó en el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo en 1867.
Estados Unidos con actitud de recelo y amistad, presente en el evento, (país admirado por México en el cual basó su Constitución, la primera Federal e Independiente de 1824), era recordado por su manifestación militar en apoyo a la secesión de Texas en 1836, la guerra contra México el 16 de septiembre de 1847 donde la bandera extranjera había ondeado en el Palacio Nacional en 1848 y México cedía la mitad más rica aunque despoblada de su territorio. Durante el porfirismo, las inversiones norte americanas sustituyeron a las invasiones que solo eran frenadas por los inversionistas europeos, a los que Diaz mostraba preferencia, que entre otras cosas los vecinos del norte no veían con buenos ojos.
En el subcapítulo Héroes y antihéroes, Krauze y contrasta la historia oficial expuesta a los mexicanos, haciendo a un lado a los conservadores vencidos y enalteciendo a los liberales.
A cien años atrás Miguel Hidalgo y Costilla, sacerdote criollo de Dolores había convocado sorpresivamente a sus fieles para defender la religión amenazada por los franceses que desde 1808 se había apoderado de España y no tardarían en llegar a México. Con el estandarte de la Virgen de Guadalupe en mano y con apoyo de cincuenta mil hombres de las clases y castas más humildes arrasaron San Miguel, Celaya, Valladolid y Guanajuato, lo cual terminó en el juicio de Hidalgo por la Inquisición y ejecutado en 1811, pero, el movimiento social había comenzado.
Se comenta que de este movimiento pocos se acordaban en las fiestas de Centenario y que lo importante era ir a la plaza a dar el grito, que según testigos el grito verdadero había sido "¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines!" el cual, se deformó hasta lo que conocemos en estos días.
Dato curioso de por qué el grito es el 15 en la noche y no el 16 en la madrugada, por una pequeñas licencia histórica, dice Krauze: el 15 era el día de san Porfirio, cumpleaños del presidente.
El 16 continuó la celebración con la inauguración de la Columna de la Independencia, una de las glorietas del amplio y elegante "Paseo del Emperador", trazado por órdenes de Maximiliano a imagen de los Campos Elíseos. Tras la caída del Imperio en 1867 el nombre del Paseo del Emperador cambió a "Paseo de la Reforma" y se volvió cátedra abierta de la historia oficial patria, y se plasma la visión liberal de México.
En la primera glorieta bajo relieve de bronce evoca la superioridad moral de Cuauhtémoc, a palabras de Krauze, sobre su vencedor, pero del pasado indígena solo esto se representaba.
En la siguiente se levantaba el monumento al Nuevo Mundo enalteciendo la hazaña de Colón, la conquista espiritual de los frailes Pedro de Gante, Bartolomé de las Casas, pero se omitía al muy desprestigiado villano, según la versión oficial, Hernán Cortes.
La tercera glorieta una estatua ecuestre de Carlos IV, originalmente donada por el monarca a sus súbditos en 1803, era la única alusión a los gobernantes de la colonia.
En la cuarta glorieta se alzaba la columna dedicada a los "Caudillos insurgentes" o "Padres de la Patria" coronada por el ángel de la independencia. El lugar de honor era para Hidalgo seguido de Morelos, Guerrero, Nicolás Bravo y el La Fayette español, Francisco Xavier Mina. Por último el 18 de septiembre Díaz un hemiciclo consagrando a Benito Juárez.
Algo en lo que coincidía los perfiles de los actores históricos en la versión oficial era que todos eran puestos: trágicos, estóicos, puestos a la defensiva y, casi siempre, derrotados. Los aztecas en 1521, los insurgentes en 1810, los Niños Héroes en 1847, los liberales de la Intervención Francesa en 1862 todo ellos había luchado y en la mayoría "muerto por la patria". La distorsión con fines de legitimación política y el desprecio o el olvido de vastas zonas históricas no eran las únicas faltas de la versión oficial.
Agustín de Iturbide (1783-1824), que aclamado en su momento como el "héroe invictísimo" e "inmortal liberador", había consumado pacíficamente, con orden y concierto, la independencia del país en septiembre de 1821. A juicio de los liberales, había cometido el error de creerse el Napoleón mexicano y coronarse emperador una año después.
A lo largo del siglo XIX, en la querella de republicanos y monarquistas, federalistas y centralistas, liberales y conservadores, Iturbide había competido con hidalgo por el puesto supremo de la historia nacional, pero historiadores de ambos bandos ponían en duda la continuidad entre el movimiento de 1810 y 1821, ya que, les parecía obvio que el liberal era Iturbide y no Hidalgo.
El destino se ensaño más con Antonio López de Santana (1794-1876), el sueño de este extraño personaje detestado por la historiografia liberal y criticado por la conservadora, era una especie de gloria imperial sin corona, el cual, derrocado finalmente por los liberales no era más que "el hombre fatal, genio del mal que abortó el averno para oprimir, degradar y vejar la magnánima, dulce y apacible nación mexicana" un "vendepatrias". Misma suerte corrieron Miguel Miramón y el indígena Tomás Mejía que habían combatido a los "gringos" y luego muertos junto a Maximiliano, para ellos la amnistía de las fiestas patrias no daba para tanto.
En Pasados en Conflicto, último tema del primer capítulo continúa explicando el distanciamiento de la versión oficial (liberal) de la historia de México contra la conservadora; pregonando que su importancia comienza en 1810 menospreciando los 300 años anteriores, contrario para los conservadores que comentan, que del pasado anterior a ese año no debía huirse, escribió Alamán, "México es país en que todo cuanto existe trae su origen en aquella prodigiosa conquista , la cual, fue el medio con el que se estableció la civilización y la religión en este país y don Hernándo Cortés fue el hombre extraordinario que la Proviedencia destinó para cumplir estos objetos".
Aunque nunca llegarán a reconocerlo, ambas posiciones había un fondo de verdad. La liberal tenía razón en subrayar el logro de construir en un siglo un país independiente y consciente de sí mismo, con un lugar modesto pero respetado entre las naciones, un Estado relativamente moderno, un mercado interno relacionado con el exterior y una sociedad laica y libre. La parte conservadora tenía razón en poner el acento en las profundas raíces históricas que provenían de Nueva España. En contra parte amos casos erraban el liberal por pensar que sería fácil acceder al futuro moderno con solo legislar sobre él y los conservadores se equivocaban al pensar que las instituciones coloniales podrían sobrevivir al mundo moderno.
Lo cierto era que en estos tiempos de Porfirio Diaz, el país alcanzaba una polémica sobre el pasado de México, lo cual, dividió a las élites mexicanas que después arreglarían diferencias en la guerras de Reforma.
La Política de Díaz supo mediar hasta cierto punto esto, permitiendo a algunos conservadores ocupar puestos importantes de gobierno siempre y cuando reservaran en lo privado sus convicciones religiosas. La "política de conciliación" con la iglesia había sido exitosa, y sorprendentemente muchos de los valores conservadores los había adoptado el México liberal, pero a pesar de esto la solución de los proyectos (conservador y liberal) no podía encontrar una solución definitiva. La solución se cifraba en una sola palabra que no confunde y no deforma las ideas, si no que las distingue, las respeta en su pluralidad y las pone a competir: la democracia.
El capítulo concluye comentando la ceguera de Porfirio Diaz a la mitad de la historia, que muy pronto los pasados mexicanos ocuparían todo el escenario. Cargado de esos pasados, un vasto sector del pueblo tomaría las armas dándose paso hacia Revolución Mexicana.

