Agitaba la mano mientras nosotros lo imitábamos, nos explicaba -De esta manera el vino desprende su aroma...- al igual que él, olfateamos e introducimos nuestra nariz en la copa, continuó con su explicación hasta terminar diciendo: -Yo soy Román y estaré aquí para atenderles, en seguida les traigo la carta de bocadillos, disfruten su vino- se retiró.
A pesar de estar ubicados en la terraza, la noche se percibía agradable, fresca, fría y sin olor propio, pero cómoda.
Sabina con la nariz aún en la copa y su despiste alegre que la caracterizaba me dijo entusiasmada
-¡Verdad que esta lindo el lugar!, sabía que te iba a gustar-
El motivo real por el cual estábamos ahí; no era para conocer el lugar sino para firmar un tratado de paz y cooperación entre su nación y la mía, ya qué, ella había establecido un acuerdo bilateral con un socio comercial dispuesto ha aportar mayores inversiones en su territorio, por lo tanto mis intervenciones ilegales a su nación, no serían más toleradas hasta que no existiera un tratado igual entra ambas partes, un tratado que no firmaría. En pocas palabras me estaban terminando de una manera política y diplomática, derogando la relación de una manera madura y sofisticada.
Al saber el verdadero objetivo de la velada las miradas se tornaron pesadas, las palabras se forzaron, ninguna conversación era natural; ansiedad y tensión. Ambas naciones gastaban todos sus recursos diplomáticos para evitar una guerra.
Mi orgullo y egoísmo cedieron ante la razón, no hubo guerra, sabía que de mi parte no podía ofrecer más que una amistad.
El apego sucumbió al cariño que le tenía y borró la culpa de no haberle correspondido.
-Estoy muy contento por ti y tu nueva relación- Dije entre la charla. Y lo estaba realmente, la decisión que tomé o no, había sido la correcta, ella estaba feliz y yo estaba feliz por ella. Comprendido o aceptado daba igual.
Después de eso empezamos a disfrutar el lugar, la plática, el vino y la comida. La vista de la locación solo era opacada por la jovial risa de Sabina que me contaba todos los logros completados en el año en vísperas de su término. Ella no era la chica más organizada del mundo, sin embargo había culminado muchos objetivos ese año, entre ellos formalizar su nueva relación.
-¿Y que tal te fue en el año Sebastían?- Me preguntó con interés...
Pensé para mí con un sarcasmo irónico: sin contar la revocación sobre el uso de suelo de su nación, la recesión por una inadecuada política económica en mis dominios y el letargo educativo causado por mis felices y efímeras banalidades, creo que todo iba muy bien. Aunque realmente respondí -Excelente, fue un año de planeación, paciencia y ahorro, espero que el ejecución de todo se de para el siguiente año.- Qué mentira reflexioné, no tenía ninguna política pública sustentable para mi nación.
Afuera de mí, Román con sus entrenados movimientos abría la segunda botella de vino y llenaba nuestras copas
Sabina levantó su copa con movimientos despreocupados debido a la ingesta de los tragos anteriores los cuales yo también resentía en mis pensamientos desentendidos de consecuencias.
-¡Salud!- Dijo Sabina
-¡Por nuestros logros!- continuó.
-¡Salud!- respondí.
Bebimos y nos miramos a los ojos al beber.
¿Quién necesita diplomacia? ¿Quién necesita tratados bilaterales? ¿Quién necesita política?
Me preguntaba mientras sostenía la mirada en los ojos de Sabina.
Sabina retiró su copa y sonrió sonrojada, sonrisa a la cuál respondí.
Esa noche se giró un comunicado de guerra mi nación se disponía a realizar una invasión a la soberanía de Sabina.

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